Podría justificarme y plantear excusas por mi desaparición. Pero no. Deal with it. En lugar de eso, a modo de resarcimiento y expiación divina, voy a hablar de algo que vengo pateando mucho en parte por lo difícil que es de explicar sin mostrar fragmentos y en parte porque una vez que se llega a la raíz de la película no hay tanto que contar. Por esta directa dependencia en su mensaje con la visual y el impacto que genera sin una verdadera narración atragante yo la considero más una experiencia que una historia en sí misma. La película en cuestión, jóvenes con demasiado poco tiempo con sus ipads y ipods y ieyes y ayays y demás como para leer títulos, es Kanshimi no Belladona. Si su falta absoluta de tiempo les impide leer el resto, les digo que es básicamente como si intentaran hacer una película para disuadir a la juventud de probar acido mostrando la peor clase de viaje que te puede tocar en tu vida. ¿O acaso es la mejor clase?
No, es la peor.
Kanashimi no Belladona, traducible como La Tragedia de Belladona o Belladona de la Tristeza, relata la historia de una joven en la época de la Francia feudal que debe someterse a los horrores de la clase reinante y eventualmente se entrega al demonio como seguidora y concubina; narrado con dibujos reminiscentes al art nouveau que en cierto nivel dificulta la animación y lleva a que todo sea principalmente paneos sobre imágenes de mayor tamaño y elementos en movimientos con layers estáticos delante o detrás de estos.
